Estaba en una etapa bastante introspectiva de mi vida, cuestionando mi pasado, mis creencias, mis patrones, mi propósito... Necesitaba alejarme del ruido externo para conectar más conmigo misma.

Siempre había sido sociable, rodeada de personas, pero durante un tiempo quería experimentar la soledad.

Tras semanas de vida antisocial, decidí ir a una fiesta de fin de año. "Claudia, necesitas beber y nutrir tu versión más loca", me dije. Y así hice.

La noche fue increíble. Bailé, jugué, reí con desconocidos, disfrute muchísimo... Tal vez porque llevaba tiempo sin salir cada risa y cada movimiento se sentían más intensos.

Al regresar a casa a las cinco de la mañana, me moría de cansancio pero el sueño se negaba a llegar. La habitación giraba más lenta que mis pensamientos. Creí que era el alcohol, aunque en realidad no había bebido mucho... Incapaz de dormir, tomé una decisión impulsiva: salir a caminar.

Ahí empezó uno de los momentos más sublimes de este capítulo.

A veces pienso que en la vida está ya todo planeado, que las cosas pasan tal y como tienen que pasar, que no puedas dormir y decidas salir a caminar en vez de coger la moto, que sucedan una serie de acontecimientos....

Caminaba por la calle sintiendo el aire fresco y el calor del sol en la cara, cálido pero sin llegar a ser agobiante, se sentía como un abrazo por la mañana. La ciudad despertaba, y con ella, yo. Decidí prestar atención a cada detalle que iba sucediendo.

Ver cómo la gente abría sus tiendas un día más, un año más. Ver como las palomas seguían volando un día más, un año más; como la gente irradiaba nuevos propósitos, nuevas ilusiones, nueva esperanza. Sentí una conexión profunda con todo lo que me rodeaba. El año nuevo no era solo un cambio en el calendario, era una nueva oportunidad, un renacer.

La felicidad me invadió de tal manera que solo podía saludar a cada una de las personas que me encontraba y felicitarles el año porque son tan yo en ellos y tan ellos en mí…

Paré en mi panadería preferida "Seguro está cerrada", pensé. “Pero aunque lo esté no pasa nada Claudia, no hay nada que pueda restarle ni un ápice de magia a este momento**”.** Estaba ¡Abierta! El mejor croissant que he probado en mi vida, recién hecho, caliente. Sentada bajo el sol, cerré los ojos, saboreando cada bocado, era un tributo al presente.

De pronto, mi atención fue capturada por la cantidad de personas haciendo ofrendas en la calle. Me entró curiosidad: ¿a qué esperaban? ¿Qué ritual estaban haciendo? Siguiendo mi instinto e impulsada por la gratitud del momento, encontré a pocos minutos un templo para meditar.

La entrada irradiaba luz. Hilos blancos colgaban en todas partes, dándole un aire muy místico. Observé a la gente salir con una paz renovada. ¿Era su energía o la mía reflejada en ellos?

Dentro, me senté frente a un Buda dorado. Observé a una persona meditando a mi izquierda, su rostro irradiaba una serenidad que me inspiró a intentarlo. Cerré los ojos y sentí toda la energía recorrer mi cuerpo. Agradecí, dejé que las lágrimas rodaran, entendí que yo era más que mis pensamientos, más incluso que estas emociones pasajeras. Ni era tanta luz ni oscuridad, era la misma energía que existe en todos nosotros.

Al salir, seguía intrigada por los hilos blancos. Una señora sonriente se acercó a mi, llena de entusiasmo me invito a tomar un caldo junto a los monjes, una experiencia que me pareció tan inesperada como fascinante. Me presentó a su hijo, un chico amable con quien conecté de inmediato, a quien bombardee a preguntas y con quien la madre parecía querer casarme.

Entre comida, risas, meditaciones y conversaciones sobre el budismo, me sentí en una escena de película.

Me invitaron a quedarme a una oración, pero algo en mí dudó. "¿Y si este monje nos casa sin darme cuenta?", bromeé internamente.

Decliné amablemente, quería seguir explorando eran las 9 de la mañana y me parecía haber vivido ya un par de vidas. Nos despedimos entre fotos, abrazos y promesas de volver a vernos.

Caminé de regreso con una sensación indescriptible. La vida me había regalado una experiencia mágica, una que parecía escrita por el universo. Me sentí tan agradecida, tan presente, tan viva que solo pude pellizcarme para saber que no estaba soñando.

En mi cabeza a veces venían pensamientos random como Claudia será que es porque te han drogado? es porque no has dormido? es porque vas borracha? Y yo decia ehhhh por qué estas preguntas!, estoy en mi película y pensar en esto solo me hace bajar de esta grandísima nube y aunque fuera por eso, qué, disfruta!