Estoy en un sitio espectacular. Quiero describir cómo me siento, lo que escucho, lo que veo, lo que pienso, todo lo que está pasando dentro y fuera de mí, ahora mismo.

Siento algo de tensión por ser observada, no estoy acostumbrada a escribir con alguien tan cerca y menos si ese alguien me gusta y altera mi ritmo cardiaco. Quiero imaginar que estoy sola: sin miradas, sin posibles juicios.

No necesito que esto sea reflexivo ni perfecto, no tengo porque ponerme una meta de este momento, solo estar, disfrutar y experimentar.

Escucho cada sonido que va surgiendo: los pajaros piando, el llanto de un niño, la charla animada de una familia tailandesa, las risas despreocupadas de los chicos de la cabaña de al lado, el ruido de la moto de fondo, las teclas del ordenador sonanado, mi respiración fluyendo.

Observo el lugar, las palmeras a lo lejos, es como estar en medio de la jungla, tantos árboles de mil formas y colores, las gallinas corriendo libres, tiendas de campaña, nenúfares flotando en el estanque, gente local sonriendo, dos niños desnudos corriendo por la hierba.

La brisa del viento eleva el vuelo del mantel, mueve las hojas del jarrón. Un mosquito deseoso de entrar en mi mango somothie. El chico se quita la camisa, mi corázon se acelara aún más…

El hombre vestido con una falda larga, pañuelo en la cabeza y sin camisa nos trae el café. Huelo más el olor del repelente antimosquitos que el del propio café. El ruido de las motos se hace cada vez más intenso, asi como el llorar del niño, pero no me parece desagradable, le dan un toque de realidad que rompe con la película que estoy vivendo.

Un pájaro con un canto diferente destaca entre el resto. Si me concentro en ello es lo que mas escucho, el resto se desvanece.

Me doy cuenta que cuanto más me enfoco en algo más visión tunel tengo y todo lo demás desaparece.

Hay tantos pequeños detalles sucediendo en este preciso momento que nuestro cerebro no es capaz de captar, que nos perdemos mucho, mucho.

Ibamos en moto a un lugar concreto en el centro. De camino paré a conectar de nuevo mis auriculares y vimos una cabañita a lo lejos. La curiosidad nos desvió y el destino cambió.

Nos perdemos cosas increibles que se encuentran en el camino solo por estar obsesionados con el destino final, nos perdemos momentos mágicos por estar pensando en otra cosa, sonidos auténticos por enfocarnos en otros menos agradables, nos perdemos sensaciones en nuestro cuerpo solo por no escucharlas, respiraciones que damos por hecho…

Todo es cuestión de perspectiva y enfoque.

¿Qué es mas real, el sonido de este pájaro o el resto de ellos? ¿El fondo del paisaje o el lugar donde estoy tumbada? ¿El sentimiento de paz o el de tensión?

Hago una foto para capturar este momento, me doy cuenta que lo real ahi afuera está lleno de luces y sombras y que lo único real que sucede dentro de mí es lo que yo decido creer.

A veces veo la foto con la luz más intensa que la sombra. A veces tan positiva, tan soñadora, con tanta energía que me encanta ver la foto así, no me voy a engañar, otras la sombra lo cubre más. Sé que en ambos casos estoy viendo la foto desfigurada.

Cuando vivimos tanto en nuestra cabeza y por ende en nuestras emociones, distorsionamos la realidad del momento, es cierto que no podemos salir de nuestro cuerpo pero si entenderlo y entrenarlo para ajustar el enfoque y perspectaiva cuando consideremos necesario. Para poder ver, aceptar y abrazar la realidad, asi como las situacuones y personas tal y como son, con los diferentes sonidos, formas, colores y sensaciones.

Esa diversidad es lo que hace de la escena lo más auténtica y ‘real’.

Podría hacer de este momento el más increible que he vivido, también el más desagradable o siemplemente experimentarlo.

Si quieres cambiar la escena, no puedes modificar lo de fuera pero tu si puedes jugar con ella, modificar contrastes, luces y sombras. ¿O a caso esto no es una historia de instagram?