Estoy viviendo un sueño, un sueño del que no quiero despertar… Y lo mejor de todo es que no tengo que hacerlo, porque este sueño es mi realidad. Es la vida misma, y depende de mí decidir si quiero seguir viviéndola con los ojos abiertos.

A veces pienso que ese cielo que nos han prometido tantas veces, el que la sociedad ansía, el que nos han dicho que alcanzaremos después de la muerte si nos hemos portado bien… ese cielo, está aquí. Si nos detenemos, si realmente observamos, nos daremos cuenta de que este mundo es el regalo. Ese paraíso tan deseado.

Solo tenemos que observar a nuestro alrededor.

Mirar la perfección de la naturaleza: los animales que habitan libres, cómo crecen algunas plantas incluso en condiciones adversas, cómo las hormigas trabajan en armonía solo con su instinto, cómo los pájaros migran, cómo las flores se marchitan en otoño para renacer en primavera… Todo sucede en su tiempo, sin esfuerzo, sin lucha.

Y nosotros, los seres humanos, también formamos parte de esa sincronía. Nacemos, crecemos, exploramos…

Miremos a los niños, esos pequeños humanos que aún no son conscientes del poder de su mente. Solo quieren jugar, descubrir, comer, estar con su familia…

Luego vamos creciendo y desarrollamos un cerebro.

Un arma tan poderosa… y a la vez peligrosa.

Nos empezamos a creer que algo tenemos que hacer con esta arma tan potente! empezamos a sentir su importancia, a sentir que somos una especie especial, comenzamos a vernos como el centro de esta realidad. Más importantes que esa planta que florece sin pedir permiso. Más importantes que ese animal que solo sigue su naturaleza. Más importantes, incluso, que otros humanos.

Si tomamos distancia, si observamos como si fuéramos meros espectadores de este teatro… algo cambia.

Me detengo en este preciso momento y observo.

Veo el parque.

Plantas y árboles distintos, animales muy diversos, piedras y terreno variopinto, personas diferentes.. Qué gran variedad!

Observo a algunos humanos jugando, aunque sus cuerpos ya son de adultos. Otros queriendo ser vistos, buscando atraer hembras. Algunos pensando en sus cosas, en su trabajo, su pareja, sus hijos, padres, dinero… otros, como yo, divagando.

Cada uno lleva su propio mundo en la cabeza.

Un torbellino de preocupaciones, miedos, deseos, angustias.. Y pienso… cómo me gustaría gritarles a todos:

¡Eh, paremos la máquina! Paremosla por un momento. Apaguemos el ruido de nuestras mentes y miremos a nuestro alrededor!

Esta es la vida.

Perfecta, tal y como es.

No hay plantas mejores o peores (si no las miramos para sacar un beneficio). No hay árboles, preocupados por que se les caigan sus hojas. Ni hormigas con miedo a ser pisadas. No hay agua deseosa de llegar al mar. Juntos, forman un paisaje perfecto y único, simplemente siendo lo que son.