Pensar que algún día todo esto acabará… que se acabará el levantarse por la mañana, tomar un café al sol, salir a la calle y sonreírle a la chica de la tienda, que se desvanecerá esa sensación de felicidad y emoción que sentimos tantas veces, igual que la tristeza o la melancolía. Se irán las ganas de gritar, las de abrazar, las de llorar. Se desvanecerán las conversaciones con quienes más queremos. Se terminarán los paseos por el campo, observando la naturaleza, y esa sensación de estar en paz. El dolor desaparecerá, como el beso que deseamos que nunca acabe. Se acabará el amor de tu madre y la alegría de tu perro al verte. Se perderá el sabor de nuestras comidas favoritas.

Y en ese instante, con lágrimas en los ojos, nos daremos cuenta de lo corto que fue todo, de lo increible que fue, y de la suerte que tenemos cada día que seguimos vivos.

Somos afortunados por levantarnos y respirar, por estar sanos la mayor parte del tiempo, por tener a quienes nos quieren a nuestro lado, por poder elegir quién ser, qué hacer y qué sentir, aunque a veces nos cueste y nuestras emociones nos atasquen.

La vida supera cualquier ficción. Cuando te detienes, cuando te detienes de verdad y simplemente observas, como si fueras un alma ‘muerta’ a la que se le da la oportunidad de regresar al mundo real, un mundo donde no hay nadie mirándote (porque no existes en el plano físico), de repente ves todo con los ojos de un niño descubriendo el sabor de su primera piruleta, o como un perro que ve a su dueño regresar a casa después de todo un día de trabajo. Sientes la emoción de un primer beso después de meses sin ver a la persona que amas, la gratitud de un trago de agua después de subir una montaña sediento, la sensación reconfortante de una ducha caliente después de cinco días de acampada, las palabras bonitas que te llenan después de haberte maltratado con tus propios pensamientos, o el frío contacto del agua del mar después de caminar por la arena abrasadora...

Y así, es como podríamos ver la vida cada día. Porque estar vivos es una suerte. Y no, no todo es color de rosa. También existen momentos dolorosos, y sensaciones difíciles de sobrellevar. Pero esas también acaban, y en el fondo, esas son las que nos enseñan, y son perfectas tal y como son.

Gracias a la tristeza podemos experimentar la alegría. Gracias a la incertidumbre, la claridad de la vida. Gracias a las pérdidas podemos sentir el verdadero agradecimiento…

Y he llegado a entender que mi vida no está para analizarla, ni para entenderla completamente. Mi vida está para ser vivida, para ser experimentada. Para ser observada, porque es perfecta en su imperfección.

Y las personas también lo son. Cuando adoptas ese rol de observador, te das cuenta de que no hay nada, absolutamente nada, que cambiar a tu alrededor. Ni a las personas, ni las situaciones. Todo es increíble tal como es. Lo único que puede cambiar es tu forma de interpretarlo, de verlo, de observarlo.

Te das cuenta de que no hay nada que hacer. No hay sacrificios ni luchas innecesarias. No es necesario tanto cuestionamiento, ni tanto movimiento, ni tanta prisa ni tanta calma. La noción del tiempo es relativa: una mañana puede sentirse como si hubieran pasado días y una tarde puede volar en minutos. No es que el tiempo pase lento porque hayas sufrido, ni rápido porque hayas disfrutado. No porque te rechacen es que no vales, ni porque te elijan es que valgas más. No porque recibas atención es que te amen, ni que su ausencia signifique que no te quieran. No porque hayas perdido a un ser querido es que hayas hecho algo mal, ni porque hayas hecho algo bien porque los tengas cerca. No porque sientas un nudo en la garganta significa que estés triste o ansioso.

Tal vez la vida, cuando sientes tristeza, te está mostrando las infinitas oportunidades de alegría y cambio que hay a tu alrededor. Tal vez, cuando sientes incertidumbre, te está llevando a lugares mágicos para que descubras la certidumbre que te rodea. Tal vez, cuando te sientes insuficiente, te está poniendo en situaciones que te muestran que puedes con todo. Tal vez, cuando sientes melancolía, la vida te está regalando la euforia de nuevos comienzos. Tal vez, cuando sientes arrepentimiento, la vida te está brindando la oportunidad de aceptar lo que has vivido.

Tal vez ese nudo en la garganta sea de felicidad y querer gritar de agradecimiento.

La vida está para experimentarla. Todo es relativo e interpretable.

Y cuando te das cuenta de que no eres ni tus pensamientos, ni tus emociones, ni tus acciones, cuando observas la vida como un alma ‘muerta’ a la que se le da la oportunidad de regresar, eliges cómo vivirla. Eliges quién quieres ser, con quién quieres estar. Y miras a los demás como almas mágicas que, al igual que tú, viven en este mundo. Ni son más, ni menos.

Tú eres quien elige cómo interpretar tu realidad, cómo convertir tu vida en tu propia película. Y desde este estado de conciencia, ninguna decisión es equivocada, ninguna emoción es buena ni mala, simplemente ES tal como debe ser. Todo se manifestará conforme a lo que tu alma ha venido a experimentar en este viaje. El 'por qué' dejémoslo para quien lo esté decidiendo.