Adoro el sol por las mañanas. Es una de las mejores sensaciones de la vida: sentir el calor en la piel cuando el aire aún guarda un poco de frío. Y cuanto lo evitamos cuando el calor es muy intenso, deseosos de encontrar una sombra.

Cuando sentimos que algo falta, nos reconforta la esperanza.

Nos aferramos a ella como quien se aferra a un faro en medio de la tormenta, como si fuera lo único que nos mantiene en pie y nos da razones para seguir.

¿Y si imaginamos por un momento que desaparece?

Que se esfuma ese destello de luz que alberga en nosotros, el cual nos mantiene entusiasmados, vivos, con ganas de que lleguen esos momentos esperados, esas personas soñadas, esos logros que nos prometimos alcanzar...

Imaginemos que ya no existe la expectativa del viaje ansiado, de la cena pendiente, del amor que algún día encontraremos, del trabajo que deseamos conseguir, del miedo que anhelamos superar, de la vida que imaginamos como nuestra..

No hay esperanza.

¿Nos da miedo o nos da alivio?

Vivimos entre la búsqueda y la carencia. Cuando las cosas no pasan como queremos, buscamos desesperadamente momentos agradables. Cuando todo parece estar en su lugar, encontramos lo que aún se puede mejorar.

Seamos sinceros: nos es más fácil vivir con esperanza que vivir con plenitud.

Es más sencillo avanzar en un mundo lleno de miedos, superando alguno de vez en cuando para sentirnos valientes, que vivir con valentía y, a veces, enfrentarnos a un miedo y sentirnos vulnerables.

Nos resulta más fácil ver la vida como un campo de obstáculos con alguna oportunidad esporádica, que abrir los ojos a todas las oportunidades y aceptar que también habrá fallos.

Nos cuesta más ver la vida sin esfuerzo y sin lucha que una llena de objetivos, planes y retos. Nos asusta más la aceptación de las situaciones y cerrar puertas que el deseo de querer cambiarlas. Nos perturba más la idea de que todo es perfecto en su imperfección que ver imperfección en la vida que llevamos.

Nos preocupa más estar solos y en armonía que sentirnos perdidos en compañía.

Nos da más miedo el éxito que el fracaso.

Nos da más miedo la luz que la oscuridad.

…Nadie nos enseño a vivir en abundancia.