Conectar con uno mismo es un reto, sobre todo cuando nuestras heridas y miedos salen a la luz. Es un reto volver a uno mismo y no perderse en tiempos complicados o en situaciones no contempladas.
Es un reto mantener la paz y la calma en medio de la ansiedad. Un reto darnos ánimos los días en que no tenemos tantas fuerzas. Un reto aceptar que algo no salio como nosotros esperábamos.
La vida está llena de desafíos. Nadie dijo que solo viviríamos momentos agradables.
Nadie nos contó a lo que tendriamos que enfretarnos en esta dimensión: lo que tendríamos que luchar, lo que tendríamos que superar, lo que tendríamos que sanar...
¿Y todo esto para qué? ¿Para vivir en paz, en calma, en armonía cuando lo logremos?
Vivimos esperando llegar a ser, llegar a tener, a superar, a evolucionar… Como si la plenitud estuviera siempre en un futuro lejano. Nos decimos que cuando lo consigamos, entonces respiraremos, entonces nos relajaremos, entonces sonreiremos, agradeceremos y disfrutaremos.
Estaba en la playa, como siempre observando el vaivén de la vida a mi alrededor, perdiéndome en mis pensamientos y en los de otros.
Me pregunté qué estaría pensando aquel señor mayor que caminaba sin rumbo fijo con las manos a la espalda. ¿Estará repasando sus temas pendientes, recordando a su esposa, a sus hijos, su infancia?
Tal vez el señor ya ha llegado a ser lo que un día soñó. Tal vez no.
Tal vez algún día yo llegaré a ser la persona que quiero ser. Tal vez no.
Cuando era una niña imaginaba mi vida cuando fuera mayor, ya la edad que tengo es mayor para lo que ella consideraba ‘mayor’…
Nunca habría pensado que podría superar mi miedo a acercarme a un grupo desconocido para jugar, que podría tumbarme sobre una roca en medio de la multitud sin importar quién me estuviera viendo, que podría cantar y bailar en la playa sin necesidad de estar en una fiesta o con más gente, que podría llorar de felicidad y agradecimiento con la misma intensidad con la que lloré en los momentos difíciles.
También ocurrieron cosas que ni en mis mejores sueños habría imaginado. Nunca pensé que podría enamorarme tanto de la vida, que los sabores de la comida y los sonidos de la naturaleza me atravesarían de lleno. Nunca imaginé que podría amar tantas veces y sentir hasta dolor en el pecho de hacerlo. Nunca pensé que volvería a escribir, a pintar, a soñar sin un fin ni un propósito concreto.
Y nunca pensé en todo lo que aún no sé.
Honremos más a la persona que somos. La versión de nosotros que anhelamos ser ya es, ya está siendo para la de hace años. Honremos este momento pues estamos donde alguna vez deseamos estar, viviendo lo que alguna vez anhelamos experimentar.
¿Y honrar para qué? ¿Para vivir más en paz, más calmados, más en armonía?
Es un reto, sí. Pero este es el más sencillo de todos, y podemos hacerlo ahora mismo. Cerrar los ojos y saber, con certeza, que estamos exactamente donde tenemos que estar, y todas las cosas van a la velocidad justa.
Honrar a nuestro yo de ahora, a nuestra situación actual pues esta ya sucediendo. Nunca imaginarás que ya eres aquello que un día soñaste ser.